Documento de conclusión del Foro MyC 2016: Ética

LA ETICA EN LA MEDITACION Y EN LA CIENCIA.

Ética y Filosofía.

Ética, en nuestro entorno cultural, es la rama de la Filosofía que estudia lo correcto o equivocado de la conducta humana. Aunque se entiende que la Filosofía se distingue del misticismo, el esoterismo, la mitología y la religión por su énfasis en los argumentos racionales sobre los argumentos de autoridad, ni la tradición filosófica está exenta de elementos místicos ni la tradición mística de elementos filosóficos.

Podemos encontrar elementos “contemplativos” en muchas de las escuelas griegas, helenísticas y romanas. Sin embargo, la Modernidad, impuso la idea de que era posible el acceso directo del sujeto al conocimiento sin haberse sometido él mismo a una transformación ética. La consecuencia es el “relativismo moral” en el que han caído las sociedades modernas y postmodernas.

Tanto la Meditación como el Mindfulness incluyen en la práctica una actitud moral y una disposición ética, sin la cual no puede haber mejora terapéutica ni desarrollo de la sabiduría. Mientras que el Mindfulness, como terapéutica científica implica una deontología, es decir, un deber moral, en todos los aspectos de su implementación, la Meditación, como práctica contemplativa, está orientada por una ética de la virtud, es decir, por una ética funcional orientada al logro de la sabiduría.

Ética y Biología

En este sentido, consideramos la Ética como un proyecto humano en marcha, es decir, como una parte esencial de la evolución de la especie. Esta ética evolutiva requiere del correcto funcionamiento de partes importantes del cerebro involucradas tanto en la toma de decisiones como en la conducta social. La primera orientada por el valor biológico y por el socio-cultural la segunda. Lo que hace de la ética una forma específica de conocimiento es el sesgo emocional que condiciona la conducta moral.

La acción ética está condicionada por fenómenos automáticos y genéticamente heredados que llamamos emociones, así como la integración de normas sociales que surgen del contexto cultural condiciona el desarrollo de la base biológica cerebral. La interdependencia entre ambos procesos conduce hacia lo que llamamos sabiduría que sería el objetivo tanto de la Meditación como de la Ciencia. La Ética humana ha extendido el alcance de la regulación biológica a un espacio social y cultural que la naturaleza no había contemplado.

Si el objetivo tanto de la Meditación como de la Ciencia es la Sabiduría o proceso de saber, la práctica meditativa y la científica deben estar orientados a la superación y extinción de la Ignorancia que, en consecuencia, caracterizaremos como el proceso, activo o pasivo, consciente o inconsciente, de no saber. En este sentido, tanto la ética de la virtud, implícita en la Meditación, como la deontología científica estarían orientadas al restablecimiento del impulso natural de aprender de nuestras acciones y saber cómo desarrollar una “vida buena”, o sea, una intención sabia.

Ética y Afecto

La Ignorancia se basa en la confusión de “agradable-desagradable” con “felicidad-sufrimiento”, siendo el primer par la búsqueda de la satisfacción inmediata del deseo individual y la consecución de una estabilidad transpersonal el segundo. El impedimento fundamental para desarrollar la feliz sabiduría es la tendencia a aferrarnos a los fenómenos placenteros y rechazar los no placenteros. La solución, por tanto, tendrá que ver con desarrollar la ecuanimidad ante todo tipo de fenómenos.

Como ecualizador del aferramiento, lógicamente, cultivaremos la Generosidad, mientras que para el rechazo (hostilidad), sembraremos Amabilidad. En definitiva, ubicamos Amabilidad, Generosidad y Sabiduría como los componentes fundamentales de la Ética.

Siendo estas cualidades deducibles sólo secundariamente a través del método científico tradicional, la inclusión de una perspectiva de primera persona nos parece imprescindible para alcanzar un conocimiento completo de la experiencia humana.

Ética y Conciencia.

Mientras que la Ciencia aborda la conducta humana explícita, la Meditación se nos antoja como el método imprescindible para alcanzar la vida representacional y simbólica del ser humano, es decir, el pensamiento discursivo o imaginativo, y la conciencia de los procesos por los que se construye la subjetividad.

No obstante, los fenómenos susceptibles de producir el equívoco no son sólo los relacionados con las necesidades básicas para la supervivencia biológica (alimento, bebida, cobijo, contacto), sino que deberíamos incluir las necesidades de seguridad (desear la ganancia material y rechazar la pobreza), las necesidades afectivas (desear los elogios y rechazar las críticas) y las necesidades de reconocimiento (desear la fama y rechazar el descrédito).

Ética y Desarrollo.

Conscientes de que cada una de estas necesidades son el motor que anima la acción humana en las diferentes etapas de la vida, en una dinámica que implica atravesar las primeras para alcanzar las siguientes, reconocemos que la Ética es un proceso gradual que todo ser humano debe recorrer y, en este sentido, que siempre habrá seres humanos transitando por este proceso y, en consecuencia, resolviendo los dilemas éticos que este les plantea.

En definitiva, si consideramos la Sabiduría como lo que proporciona sentido a la vida humana, incluyendo en ella la Felicidad o Perfección Ética, objetivo derivado de nuestra capacidad de ser conscientes del sufrimiento, el respeto por todos los seres que experimentan sufrimiento y la responsabilidad de abstenerse de actuar de forma que este aumente en todos ellos, incluido uno mismo, deben ser las bases éticas de la existencia.

La capacidad de la Ciencia de descubrir las formas explícitas en que este objetivo se desarrolla, es decir, la verdad objetiva, junto con la capacidad de la Meditación de acceder a los fenómenos implícitos que lo fundamentan, o sea, la honestidad o verdad subjetiva, son herramientas complementarias que sirven al objetivo final de la Sabiduría de la especie humana.

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